¿Por qué es tan difícil establecer límites en el trabajo?

 Somos seres sociales, y como tales nuestro mayor temor es a quedar excluídos.  En una sociedad con escases de recursos, estar dentro de un sistema nos asegura supervivencia.

Y ante esta profunda realidad grabada en nuestro ADN, tememos no ser suficiente y por eso ser expulsados del núcleo que pertenencia. Tememos no ser necesarios. Tememos el olvido, la indiferencia. También tememos las represalias al poner límites a una figura de autoridad. Es por todo esto que tendemos a aceptar las condiciones ajenas sin chequear si están alineadas con nuestros valores, nuestras creencias y nuestros deseos.

Que al final, creemos que el trabajo no es un lugar donde poder expresar nuestras convicciones y desplegar nuestras mejores habilidades, sino un lugar donde obedecer para pertenecer. ¿Qué sucede, entonces?

 

Comportamiento basado en el rendimiento:  ser útiles

El paradigma laboral es aún competitivo. Si bien es cierto que desde hace años viene ganado terrero el concepto de trabajar colaborativamente y que muchas organizaciones lo logran, -especialmente al trabajar por proyectos- los cambios culturales son lentos. Las personas cambiamos más rápido que el colectivo laboral. Todavía coexisten ambos comportamientos, puesto que competir está en la naturaleza humana y este rasgo ha sido alimentado durante décadas en el mundo laboral.

El comportamiento que busca resultados y resaltar por sobre los demás se basa en la necesidad de probar que somos útiles, necesarios para la consecución de los objetivos organizacionales. El motor interno de este comportamiento es la creencia de que el valor personal depende de cumplir con ciertas tareas en sus estándares más altos. Pero el desempeño exitoso por sí solo NO es condición sine qua non para encontrar valor en lo que hacemos, entonces, lo que sucede es que entramos en  un ciclo interminable de autoexigencia que nos lleva a realizar tareas más complejas en menores tiempos, ilusionados con el espejismo de encontrar sentido y propósito.

 

Perfeccionismo y auto-límite de exigencia 

Cuando basamos nuestra autoestima profesional en la capacidad de lograr objetivos complejos, nos volvemos controladores y defensivos porque cualquier amenaza al rendimiento es una amenaza al valor personal. Para permanecer en este comportamiento agotador, nos engañamos a nosotros mismos con conversaciones internas que prometen recompensa:

  • Estaré satisfecho con mi desempeño 
  • Haré foco en lo verdaderamente importante 
  • Pasaré más tiempo con mi familia.
  • Profundizaré el cuidado de mi salud.
  • Me iré de vacaciones.

Pero estas situaciones nunca llegan, porque permanentemente, aparecen nuevos objetivos que atentan contra nuestra identidad y seguridad: es un círculo vicioso que no tiene fin.

Adicionalmente, los efectos dañinos del perfeccionismo no terminan en la persona en cuestión, sino que atraviesa todos los vínculos existentes o potenciales: tanto los miembros del equipo laboral como los miembros de la familia, se ven desplazados de la atención y tiempo de quien se vuelve perfeccionista debido a su baja estima profesional y su incapacidad de establecer límites.

Estar dispuesto a hacer las cosas al nivel óptimo de calidad y eficiencia puede sonar como como un gran enfoque, pero cuando este comportamiento atenta contra el bienestar propio y del grupo ya no resulta tan rentable en el largo plazo.

Desesperación por el rendimiento

Existe otro grupo de personas que se comportan de manera diferente ante la necesidad de cumplir para pertenecer y asegurar su supervivencia: son las que están impulsadas por la desesperación En lugar de convertirse en perfeccionistas, se desconectan cada vez más de los objetivos debido a una sensación de desesperación. En vez de continuar intentando cumplir con un estándar que es imposible, «se retiran». Debido a esfuerzos infructuosos medidos en términos de costo / beneficio para ellos mismos, no esperan alcanzar las metas o sentir satisfacción personal. Generalmente, esta desesperación es inconsciente y por eso no pueden abordarla correctamente. Esto termina con el optimismo y baja la resiliencia, abandonando cualquier objetivo que sea demasiado ambicioso.

Una vez más, la causa raíz es el miedo al fracaso y está basado en la baja autoestima.

La búsqueda permanente de complacer a los demás

Cuando la mayoría de nuestros comportamientos están orientados a anteponer a otra persona a nuestras propias necesidades, estamos atrapados en un conjunto de  pensamientos que modelan nuestras acciones:

  • Quiero que me quieran
  • Pero, dado que «No soy lo suficientemente bueno» , debo complacer a los demás.
  • Si ayudo a otros, les gustaré. Si otras personas me quieren, soy valioso y mi vida tiene sentido. 

 

Quienes están atravesados por la desesperación, tienen el mismo discurso interno sobre su valía, pero simplemente, no lo intentan porque creen que de cualquier manera, fracasarán en la ejecución de la meta y por tanto, en su objetivo de reconocimiento y pertenencia.

Todos hemos atravesado estas emociones y pensamientos alguna vez. Pero si es recurrente o paralizante, si se traduce en apatía, amenaza o ansiedad, será necesario examinar la necesidad exagerada de aprobación externa, puesto que conlleva a grandes dificultades para establecer límites personales y profesionales. 

Y esta noticia vuela. No sólo a través de las palabras de los demás, sino ante la observación de tus comportamientos de complacencia sostenidos en el tiempo.

Cada vez llegarán más pedidos de compromisos, límites de tiempo en las entregas y tareas complejas, porque los demás perciben claramente que no puedes poner límites. Y lo aprovechan.

 

Nuestro tiempo y nuestra energía es limitada. Es necesario y sano, examinar nuestros comportamientos para ser la mejor versión de nosotros mismos en el interminable camino de la mejora personal. 

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