[vc_row][vc_column][vc_single_image image=”11838″ img_size=”full”][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]El sector financiero español sufrió cambios drásticos tras la crisis financiera del 2008. Tras ello, se originó un entorno económico inestable con tipo de interés cercanos a cero y grandes incertidumbres macroeconómicas. Estos hechos influyeron en la dinámica del sector, su estructura, regulación y en la configuración de un nuevo contexto económico y escenario competitivo. Asimismo, han surgido nuevas tendencias sociales y tecnológicas como la movilidad y la demanda de productos y servicios personalizados del emergente consumidor digital.

Todos estos factores requieren de una definición de la nueva realidad bancaria, donde recuperar los niveles de rentabilidad previos a la crisis se convierte en el gran desafío y la transformación digital emerge como una potente e imprescindible herramienta para recuperar la eficiencia y desarrollar nuevas capacidades y modelos de negocios.

Poca rentabilidad

En este contexto, los flujos de financiación se han visto afectados y las entidades financieras, bajo directrices de las autoridades, han presionado los tipos de interés a la baja alcanzando mínimos históricos. Esta baja significativa de interés se trasladó a la cuenta de resultados de las entidades, estrechando los márgenes financieros. Como consecuencia, los niveles de rentabilidad del sector se han visto perjudicados y obligan a las entidades a buscar fuentes de ingresos alternativos que les permitan recuperar los niveles de rentabilidad.

Concentración del sector

Ante la inestabilidad económica, el gobierno español procedió a reestructurar el sector. El proceso consistió en operaciones de fusiones, adquisiciones, reforma del régimen jurídico de las cajas de ahorros y otras medidas que crearon un sector más concentrado, con un número reducido de entidades financieras cambiando de forma histórica la estructura del sector financiero español.

Nuevas exigencias normativas

Ante la inestabilidad económica, surgió un marco normativo más exigente. Para prevenir nuevos episodios de crisis, se impuso una estricta política de regulación y supervisión tanto a nivel nacional como internacional. Esto obliga a las entidades financieras a asignar el capital de manera eficiente y así cumplir con nuevos requerimientos de solvencia, liquidez, capital y comercialización de productos.

Adaptarse a la nueva normativa implica un importante cambio en el modelo de negocio y en las políticas de asesoramiento.

Tecnologías emergentes

La democratización de la tecnología es otro factor a tomar en cuenta. Las tecnologías emergentes irrumpen y afectan en el sector financiero a gran velocidad a lo largo de toda la cadena de valor y en segmentos de negocio.

Competidores emergentes

Los nuevos competidores se pueden dividir en dos grupos:

– GAFA: Término empleado para hacer referencia a las grandes compañías tecnológicas Google Amazon, Facebook y Apple. Estas empresas han traspasado las fronteras de su área y han ido adquiriendo relevancia en nichos rentables del negocio bancario al ofrecer servicios financieros en conjunto con una experiencia de usuario excepcional. Cuentan con gran prestigio entre sus clientes, gran capacidad tecnológica y de inversión y muchas menos limitaciones, en comparación con otras entidades financieras.

– Fintech: Son la nueva generación de empresas, también conocidas como startups, las cuales se caracterizan por ser flexibles, ágiles e innovadoras. Estas ofrecen productos o servicios financieros alternativos, persiguiendo así los elementos más rentables de la cadena de valor del negocio bancario. Cuentan, además, con importantes ventajas competitivas a nivel de costes, especialización y uso de las tecnologías digitales, lo que les permite crear soluciones innovadoras y ofrecerle una experiencia óptima al usuario.
Estos competidores son capaces de desarrollar nuevos modelos de negocio al sacar partidos de la desintermediación de la cadena de valor tradicional y de una regulación relajada. Esto los convierte en una amenaza competitiva para entidades financieras tradicionales.

La relación con el cliente

Todo lo mencionado anteriormente genera cambios radicales tanto en el comportamiento del consumidor tradicional, como en el sector financiero. El nuevo cliente desea, al estar familiarizado con las nuevas tecnologías y estimulado por los nuevos competidores, considera que la experiencia de la banca tradicional es obsoleta. Por ello, exige a las entidades una oferta verdaderamente digital, personalizada, inmediata y ágil. De esta manera, la figura del cliente o consumidor pasa a ser el pilar sobre el que debe trabajar toda entidad financiera. [/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”11841″ img_size=”full”][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_raw_html]JTNDYSUyMGhyZWYlM0QlMjJodHRwJTNBJTJGJTJGdmFsdWV4cGVyaWVuY2UuY29tJTJGYmFuY2ElMkYlMjIlM0VTaSUyMHF1aWVyZXMlMjBjb25vY2VyJTIwbGFzJTIwbmVjZXNpZGFkZXMlMjBkZWwlMjBjbGllbnRlJTIwZGlnaXRhbCUyQyUyMGRlc2N1YnJlJTIwZWwlMjBjdXJzbyUyMEJhbmNhJTIwNC4wJTNDJTJGYSUzRQ==[/vc_raw_html][/vc_column][/vc_row]

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